PRIMER AMOR

PRIMER AMOR

PRESENTACIÓN


¿Debemos reír o llorar ante la monstruosa descripción del primer (y único) amor del protagonista de esta pieza? Y es que Beckett nos coloca en esta obra, escrita en 1946, ante una historia de humor trágico. Pere Arquillué encarna a un ser atormentado, un hombre expulsado de su casa tras la muerte de su padre que quizás ama por un momento a la prostituta que lo seduce, pero que, si se entrega al amor, es sólo para poder quitárselo pronto de la cabeza. Àlex Ollé y Miquel Górriz firman la dirección de una pieza en la que, como en otras creaciones de Beckett, lo que escuchamos nos mueve a la risa y lo que no se nos dice... nos llena de horror.


UNA APUESTA ESCÉNICA


A Samuel Beckett, para bien o para mal, el tiempo y los hechos le dan la razón.

La ciencia, con razón o sin ella, hace años que se esfuerza en demostrar que eso que llamamos “Amor” tiene muy poco de metafísico. Sin embargo, tendemos a querer elevar a la categoría de sentimiento lo que, según la ciencia, no es más que una sensación física, una reacción química, o un calambre en la punta del dedo gordo del pie. Aquí huele a Romanticismo.


“Primer amor” es una magnífica historia de amor anti-romántica, en la que Beckett utiliza los tópicos románticos, pervirtiéndolos. Así, el protagonista no es un bello joven, valiente y virtuoso, sino un personaje descarnado, auto excluido y expulsado del clan familiar y social. Un alma culta, delicada y sensible; es decir: un hombre considerablemente cabreado con este mundo y con el otro, si lo hay. El lugar de encuentro de los enamorados no deja de ser un paisaje idílico: un banquito flanqueado por dos árboles y arroyo incluido. La diferencia está en que los dos árboles están muertos, del arroyo no se recuerda el nombre y que por detrás asoma un montón de detritus. También en nuestra historia, el amante se obstina en escribir sobre alguna superficie sólida un corazón con el nombre de la amada, pero, en este caso, no lo hará en el tronco de un frondoso árbol milenario, con la consabida navajita que exigen estas pre- tecnologías, sino en una mierda de vaca y con el dedo que después se chupará.

El así llamado “sentimiento amoroso” queda desenmascarado, desvelando la perversa manipulación ejercida por la cultura, la religión y ese puto falso romanticismo burgués del siglo XIX que tanto daño nos ha hecho a muchos.


Nuestra dificultad contemporánea de establecer relaciones amorosas así lo demuestra. En definitiva, la dificultad de establecer relaciones de algún tipo con “el otro”, “la otra”, o “lo otro”. Así es; con tres pinceladas de ingenio, gamberro y burlón, Beckett dinamita la religión, el estado y la cultura. Para el protagonista no hay más “idea de Dios” que la contemplación de un almanaque colgado en la pared del retrete -donde figura la imagen de un Jesús rodeado de corderos-, mientras intenta desahogarse de un estreñimiento atroz. El estado; un ente dedicado a la persecución y exhumación sistemática de los ciudadanos. Y la cultura; la obsesión de un grupo de patriotas, consagrados a la restauración y conservación de mierdas, resecas por el paso de la historia. No está mal.


Con el humor, Beckett le propina a la metafísica una buena patada en la entrepierna.

En otro plano, la muerte recorre la columna vertebral de la obra. La muerte, el íntimo diálogo entre Eros y Tánatos, es el eco que resuena por todos los rincones de la pieza. La trascendencia de la historia reside pues en un paganismo mítico de raíz clásica.

Estos dos aspectos, anti-romanticismo y clasicismo, son básicos en nuestro montaje. En el primero reside el trabajo interpretativo, textual. En el segundo el concepto escenográfico, atmosférico.


Es necesario para ello enfrentarnos al texto como quien se enfrenta a su mejor aliado. Con valentía. Sin los prejuicios ni tapujos a los que nos invita la tradición. Agudizando al máximo todas las posibilidades ofensivas que nos ofrece el lenguaje de Beckett. La pieza debe sacudir al espectador con eficacia, inteligencia y humor descarnado, con el objetivo de poner al descubierto toda la potencia desgarradora de la historia.

Para ello tenemos el privilegio de contar con un gran intérprete. Un actor que dispone de una magnífica paleta de emociones, de una amplísima gama de registros. Capaz de dar la afinación perfecta en cada palabra, de darle, en definitiva, el relieve adecuado al pliegue que insinúa cada arruga del lenguaje de Beckett: Pere Arquillué.


En lo formal, una losa de mármol blanco nos sugiere una lápida, un banco, o una mesa de disección. Un elemento suspendido, lumínico, nos evoca el peso que aplasta y da luz al protagonista, (el Padre?, Dios?, el Espíritu Santo?). Estos dos únicos elementos de una gran fuerza simbólica y la creación de distintos espacios sonoros, nos trasportan a lugares inconcretos, mentales, míticos, siempre sugeridos, (el cementerio, un parque público, o la sórdida casa de Lulú).


¿Nos disponemos pues a contemplar la disección de un hombre muerto?, ¿De un hombre vivo?.

Dispónganse a contemplar la disección del alma de un mamífero.


Miquel Gorriz - Àlex Ollé


FICHA ARTÍSTICA


Autor Samuel Beckett

Versión José Sanchis Sinisterra

Traducción Anna Soler


Concepto/Interpretación Pere Arquillué

Creación Àlex Ollé y Miquel Górriz

Sobre una idea original de Moisés Maicas y Pere Arquillué


Espacio Sonoro Josep Sanou

Asistencia de movimiento Eva Roig Diseño de luces y dirección técnica Carles Borràs


Una coproducción de

Bitò Produccions- Grec 2010

Festival de Barcelona Chekhov International Theatre Festival de Moscou

Velvet Events SL

Mola Produccions, SL


con la colaboración de

CAET (Centre d’Arts Escèniques de Terrassa) Teatre-Auditori de Sant Cugat